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Narrar el mundo y la imaginación / Narrate the world and the imagination

BELKIS AYÓN

Crítica publicada en la revista Viceversa, el jueves día 21 de septiembre  http://www.viceversa-mag.com/belkis-ayon/

IMG_7673Museos y galerías de arte son espacios que pertenecen al linaje de los templos. Si bien los misterios y rituales que en ellos se practican no son de la misma índole, tan esencial es al arte la epifanía como lo es al culto, y se diría que Belkis Ayón creó gran parte de su obra pensando en ese ámbito que es común al artista y al creyente, pero también al maestro y al iniciado, a la víctima sacrificial y a sus verdugos, y, en definitiva, al individuo y al grupo.LaCenaversioncolorSimbólicamente, la retrospectiva que ofrece el Museo del Barrio empieza con un banquete, “La cena”, y acaba con una “Resurrección”. Entre una y otra, la comisaria de la muestra, Cristina Vives, despliega y entrelaza al menos dos temas presentes en la obra de Belkis Ayón: la iconografía cristiana medieval del arte renacentista -que la artista conocía bien- y, otro, más detallado y prolijo, que se adentra en las prácticas de hermandades secretas afrocubanas abakuá. Las sociedades abakuá, exclusivamente masculinas, sobrevivieron en Cuba durante la esclavitud hasta hoy, y a ellas pertenece el mito de la princesa Sikán, que Belkis Ayón reinterpreta con las sutiles transgresiones que caracterizan su obra. Belkis Ayón las conoció muy de cerca así como a muchos de sus miembros y representantes, y también exploró a fondo su ritualidad iniciática, funeral y sacrificial. En tanto que mujer nunca pudo formar parte de ellas; era un mundo del que estaba excluida, pero que hizo suyo a pesar de las barreras, penetrando en él a través del destino de Sikán. A estos temas o itinerarios corresponde gran parte de la obra de gran formato de esta retrospectiva, realizada en la década de 1990 mediante la técnica de la colografía – grabados con matriz de papel que componen juntos una obra de mayor tamaño-  que ella misma creó y desarrolló. En un vídeo revelador ella misma explica la complejidad y la fragilidad del proceso.IMG_7882 copiaLa fuerza de la obra de Belkis Ayón, dispuesta debidamente para destacar estos itinerarios, logra que el visitante se sienta dentro de la escenografía de un misterio. Las numerosas referencias simbólicas ya mencionadas, casi todas de origen religioso o mitológico, se encargarán de hacerle ver que, además, parece estar involucrado en él. Casi todas las miradas se posan sin ambages en el espectador, como si las figuras humanas, en tamaño natural, reconocieran su presencia y esperaran una señal para identificarlo como cómplice o víctima en los distintos rituales. Son personajes que miran desde órbitas vacías, lo que parece aludir a la obligación que tienen de guardar secreto como miembros de la sociedad pero que, también, podría ser una referencia a que los participantes portan máscaras, el instrumento que borra sus identidades individuales dentro de un grupo.IMG_7896 copiaSin embargo, la noción que domina la atmósfera de la exposición es la necesidad irracional de un sacrificio. Los sacrificios a los que alude la obra de Belkis Ayón consisten en la muerte de dos seres humanos: un hombre, Cristo, y una mujer, la princesa Sikán. Ambos han estado en contacto con, llamémoslo así,  lo divino, y ambos morirán por haber difundido lo que han visto. Conviene recordar que, en ambos casos, antes de morir fueron delatados, acusados, juzgados sumariamente y torturados. Nada de esto nos es ajeno. Y es inevitable que asome una breve reflexión de corte antropológico: el sacrificio de un individuo a manos de un grupo forma parte de un proceso arquetípico, igual que la necesidad que el grupo tiene de llevar a cabo sacrificios para reforzar sus vínculos de pertenencia y prolongar así la vida que se niega a la víctima sacrificial. Es difícil salir de esta exposición sin un atisbo de conciencia de esa balanza imaginaria que, si en un plato pesa la vida del individuo, en otro pesa la del grupo del que éste forma parte. Estos procesos arquetípicos hunden sus raíces en un orden patriarcal, vigente hoy día en gran parte, que abarca –como el arte de Ayón- mucho más que meras cuestiones de religión, de poder, de raza o de género. Y aun así, todas estas cuestiones podrían ser convocadas, sin tomar protagonismo alguno, por el arte de Belkis Ayón, aunque su obra las trasciende todas y, además de esta, otra de sus grandezas reside precisamente en que ni siquiera repara en ellas.IMG_7902Solo en la penúltima sala los itinerarios formales de la religión o las leyendas abakuá parecen ceder su sitio, de manera abrupta y franca, a la narración de la experiencia personal, de una vida propia. Las obras en esta sala fueron expuestas en la última exposición en vida de ella, inaugurada en la Galería Coutourier de Los Angeles, en 1998, con el nombre “Desasosiego”. Belkis Ayón toma prestadas letras de vallenatos y canciones; con ellas describe y titula estos grabados circulares, a modo de tondos, cuyo espacio ha cambiado dramáticamente: ahora es exiguo, cilíndrico, esférico, circular; diríase una celda, un boquete, un zulo… refleja cabalmente una angustiosa opresión, la presencia de una amenaza que rondara equidistante de una víctima, y un grabado porta precisamente el nombre que designa a esa acción: “Acoso”. AcosoEstos grabados circulares acaso representen el espacio íntimo desde dónde Belkis Ayón gestara su obra, un espacio habitado por su necesidad de expresarse a través de otros via crucis. Quizás, lo que ella exploraba desde ese espacio íntimo era un sueño de confluencia amorosa entre los seres que no requiriera sacrificios. Sí está claro que el arte fue su poderoso aunque insuficiente ritual de supervivencia, de vida, de esa vida que segó con sus propias manos en la plenitud, consumando así trágicamente un sacrificio legendario que la condujo a su propia inmolación. IMG_7880 copia


Sobre la XIV Bienal de Venecia de 1993

Belkis Ayón (1967-1999) participó en la Bienal con la colografía P’a que me quieras por siempre (1991). Se trata de una obra de gran tamaño (la mayor realizada por ella hasta ese momento), compuesta de 18 grabados, en dos secciones, una de ellas en plano inclinado entre la pared y el piso, que puede verse en esta retrospectiva y se reproduce también aquí. Fue presentada en el Pabellón Latinoamericano y me gustaría añadir aquí unas líneas sobre otros temas y artistas también presentes aquel año en la XIV Bienal de Venecia, cuando Belkis Ayón presentó su obra invitada por la Bienal.

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P’a que me quieras por siempre, presentada en la XVI Bienal de Venecia

Precisamente ese año había iniciado mi trabajo como coordinador del Pabellón de España que, en aquella Bienal, compartirían Antoni Tàpies y la escultora Cristina Iglesias. Tàpies fue galardonado unánimemente con el León de Oro por su obra “Rinzen” (Despertar) y por toda su trayectoria artística. Me reuní en varias ocasiones con el entonces comisario de la famosa Mostra y presidente del Jurado, el polémico Profesor Achille Bonito Oliva, creador del movimiento de la transvanguardia, una especie de late revival del expresionismo (“más allá de la vanguardia” era solo otro nombre para “neo-expresionismo”, “arte figurativo violento” o, en USA, el llamado “Bad painting”). La transvanguardia (Baselitz, Kieffer, Fetting, Schnabel) resonó de nuevo contundentemente en aquella edición de la Bienal, que tenía lugar en pleno cataclismo mundial del socialismo.

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Entrada al pabellón ruso, XVI Bienal. Ilya Kabakov.

La idea de “derribo” parecía efectivamente dictar cierta labor crítica y organizativa en aquella Bienal. Por ejemplo, el pabellón de la antigua URSS –que había sido heredado sin pestañear por  la República Federativa de Rusia- fue convertido por Emilia e Ilyá Kavakov en una imaginada demolición “en vivo” del edificio, rodeado de un andamio por dónde los visitantes caminaban hacia algún lugar tan ignoto como el destino post-socialista… El pabellón alemán también fue en parte “demolido”. Alemania había vuelto a unirse en 1990, después de su primera unión hacía un siglo, y el artista Hans Haacke quiso repudiar su pasado interviniendo el pabellón oficial, que había sido remozado por el gobierno nazi en 1938. El visitante se encontraba ante un pabellón vacío, teniendo que pisar la solería de cemento y los escombros del mármol original, picado y esparcido en montones aquí y allá a lo largo de toda la superficie.Version 2Efectivamente, el “derribo” de ciertas formas de autoritarismo utópico marcaría la pauta de esa Bienal. La caída -literalmente, el derribo- del Muro de Berlín en 1989 y el desmantelamiento de la URSS en 1991 habían tenido un enorme impacto en la realidad Cubana que, a consecuencia de ello, había iniciado el así llamado “Período Especial en tiempos de paz”. Esta década coincide, a su vez, con un periodo muy creativo de Belkis Ayón, y fecundo hasta su muerte en 1999. Era obvio que su arte no parecía tener mucha relación con las coordenadas temporales que regirían aquella Bienal, sujetas a hechos históricos globales y al derrumbe del socialismo mundial, y que ella seguiría un camino independiente.

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CASA DE MUÑECAS, SEGUNDA PARTE

 

IMG_7765 copiaNora es una muñeca, una princesa seductora que vive con un marido mayor que ella y sus tres hijos en una casa dónde no ha dejado de ser una joven algo casquivana; en una palabra, lo que los franceses llamarían une petite. Seguramente a Ibsen le atraían mujeres así y las había observado mucho, y muy de cerca, no solo en sus mejores momentos sino sobre todo enredadas en los conflictos de su deseo y en sus rabietas. Casa de muñecas nos muestra el despertar de la conciencia de Nora poniendo de manifiesto que tenía escasas posibilidades de crecer en tanto que mujer casada en un hogar como el suyo. Al final de la obra, Nora se ve impelida a dejarlo todo atrás: su familia, sus hijos y su casa. Y así es el fin -en su época escandaloso- de la obra de Ibsen pero no de Nora.

IMG_7769 copiaA nadie se le ocurriría  escribir la segunda parte de Julio César a menos que lo hiciera en un delirio de humor o fantasía, pero escribir una segunda parte a Casa de muñecas no es descabellado. Hay que reconocer que es una idea brillante de Lucas Hnath, el autor de esta segunda parte que, con gran éxito, nos ha devuelto a Nora quince años después de aquella gran crisis que cambió su vida para siempre, al tener que volver a la casa familiar para arreglar un asunto de peso y enfrentarse a circunstancias que no habría podido imaginarse nunca (Hnath sí ha podido, para nuestro solaz). A menos que me lo pidan los lectores no voy a desvelar el guion; me basta con afirmar que disfruté hasta la última palabra y que este segundo final es más sorprendente que el primero aun pareciendo exactamente el mismo.IMG_7768 copiaEn el escenario del John Golden Theatre cuatro actores y actrices soberbios han logrado  mantener cartel hasta enero próximo: Jayne Houdyshell, Condola Rashad y Chris Cooper, encabezados por la genial Laurie Metcalf (Nora) a quien el director, Sam Gold, empuja al límite, sin exigirlo el guion, hasta confundirla a veces con un payaso, y desvirtuando en el fondo la necesidad de Nora. Es una posibilidad que el humor y la creatividad hayan sido ingredientes que salvaran a Nora de situaciones difíciles en el pasado y que por ello la Nora que aparece en esta segunda parte sea divertida y parlanchina pero es una exageración grotesca que sea desternillante. Y esto me lleva a dos  últimas reflexiones: por un lado, parece que en Nueva York el regreso de Nora solo pueda asegurarse el éxito de taquilla si el público ríe mucho -y admito que con las gracias de Metcalf el público se ríe a mandíbula batiente, pero, por otro lado, ese mismo público que se ríe tanto con gracias que parecen venderse tan bien acaso sea el mismo que tan fácilmente dio por muerta a Nora cuando abandonó la casa familiar y en realidad no está viendo a Nora sino a un espectro cuyas razones, después de casi ciento cuarenta años desde el estreno de Ibsen, siguen importando muchísimo menos que las de su marido.

J E W E L S

Koch Theatre, 20 de julio de 2017, Nueva York

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Esmeraldas, diamantes y rubíes

Tanto disfruté con este ballet que me uní feliz al vibrante coro del público y reclamé a los artistas cuantas veces pude. Jewels se estrenó en el mismo teatro dónde lo vi ayer hace cincuenta años y la celebración corrió a cargo de tres compañías de ballet mundialmente famosas reunidas para la ocasión: la Ópera de Paris, el ballet de la ciudad de Nueva York y el Bolshoi de Moscú.

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El coreógrafo de estas “Joyas”, Jewels, George Balanchine (1904-1983), abandonó San Petersburgo siete años después de la Revolución Soviética recalando en París primero para instalarse después en Nueva York, en 1933, dónde fundaría con Lincoln Kirstein la School of American Ballet y el New York City Ballet implantando en América una tradición de ballet clásico venida directamente de Rusia.IMG_7691 copia

El éxtasis que procura el arte de Balanchine no es fácil de describir porque su impacto es una catarsis que nos hace contemplar lo que estando delante de nuestros ojos no habíamos visto antes. Quizás sea ese sea uno de los objetivos primordiales del buen arte.

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La prima ballerina del Bolshói Olga Smirnova fue la reina de la gala

Jewels carece de argumento: no tiene historia ni significado concreto ni programa alguno preconcebido, tan solo la visión abstracta de tres colores encarnados en otras tantas piedras preciosas: esmeraldas (Opera de París), rubíes (New York City Ballet) y diamantes (Bolshoi). Suficiente para que la coreografía conduzca la mirada y el oído del espectador hacia el lugar exacto donde el movimiento esculpe la música y el arte fluye como un manantial mágico del mineral, no solo en el escenario, también en los espectadores.IMG_7699 copia

Cuando la coreografía de Balanchine se despliega en el escenario parece que la música se escuchara en tres dimensiones y que el movimiento descubriera pliegues desconocidos en el espacio. Nada queda igual. Con tan solo cuatro palabras, que evocan la belleza extraña del mundo mineral y el trabajo del artesano, Balanchine construye una narración abstracta que nunca distrae de lo esencial, dónde puede adentrarse uno por el camino que lleva al corazón de la danza, a ese manantial que brota con la alegría de vivir a través del movimiento acompasado de los cuerpos.

Мстислав Ростропович, Джордж Баланчин и Юрий Григорович

Balanchine (en el centro) con el chelista Rostropovich y el coreógrafo del Bolshoi Grigórovitch.

DE PERSONAS, NOMBRES Y ROSAS (I)

Rosas de fuego

“…¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa

exhalaría un perfume igual de suave con cualquier otro nombre:

así Romeo, aunque no se llamara Romeo,

conservaría la grata perfección que posee

por sí mismo. Romeo, quítate el nombre;

y a cambio de ese nombre, que no es parte de ti,

tómame entera”.

*

What’s in a name? that which we call a rose
By any other name would smell as sweet;
So Romeo would, were he not Romeo call’d,
Retain that dear perfection which he owes
Without that title. Romeo, doff thy name,
And for that name which is no part of thee
Take all myself.
  

(Romeo and Juliet, William Shakespeare)

El río Adigio a su paso por Verona

Verona

Julieta se asoma al balcón de la casa familiar y en un alarde socrático se pregunta por aquello que sabe que no comprende: ¿qué hay en un nombre? ¿por qué no puede amar a Romeo? ¿porque se llama Romeo y es un Montesco? Pero si no se llamara Romeo, ¿no sería acaso el mismo hombre? El nombre del amado se ha convertido en enemigo de su amor. Pero, ¿cuál es el poder de un nombre? ¿qué es un nombre?

Tres rosas suaves

En la noche estrellada de Verona, Julieta expresa el deseo de que los nombres -¿acaso también el lenguaje, salvo la poesía?- desaparezcan, y que el vínculo nuevo que tiende su amor prime sobre todos los demás. Enamorada, para ella todo es posible. Al fin y al cabo, el amor es una fuerza capaz de intentar semejante transgresión, que el arte y la literatura celebran con normalidad desde hace siglos. A Tristán, en la ópera de R. Wagner, le ocurre lo mismo: en pleno éxtasis de amor, en el segundo acto, se olvida de su nombre y cuando Isolda lo llama y se lo recuerda, le responde: “Welcher Name?” (¿Qué nombre?).

La rosaleda de El Retiro

La rosaleda del parque de El Retiro, Madrid

El olvido del nombre propio y de lo que a él va sujeto es símbolo y característica de un amor así, que aspira a la entrega total, a una fusión completa. Extremadamente joven aún -Vladimir Nábokov la habría llamado Lolita- Julieta se siente embargada por el amor y, al mismo tiempo, abrumada, porque ha descubierto que los nombres se interponen como espectros en su camino; no quiere nombres, y el ejemplo que toma para discutir esta peculiaridad humana –la de hablar y designar el mundo mediante signos y nombres que lo representan- es el de una flor, la rosa.

Dos rosas en el verde

La más cantada y recreada, la más hermosa por todas sus cualidades, la que más variedades, colores y perfumes posee. La que, como pocas palabras, encierra un universo y cuenta con una mitología propia. ¿Qué hay en rosa? Un orden seductor, embriagador; colores y perfumes creados a lo largo de siglos, orientes de damasco, perlas y tafetán, aguas y bálsamos medicinales, desiertos y jardines, y, además, historias de amor entreveradas de pétalos y espinas… La rosa representa la intensidad del amor y, también, su destino: es única en nuestra mano y, a la vez, cabe en rosa junto a todas las demás. Shakespeare lo sabe y Julieta está a punto de descubrirlo. Estamos en el teatro.

S W E A T

 

El sudor de la frente

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La bóveda estrellada del teatro Studio 54 donde se representa Sweat, de Lynn Nottage !Qué fácil es enredarse en el odio y la discriminación cuando las cosas no van como uno quiere!

     Hay quien dice lo contrario pero no he visto una ciudad que ponga más rápidamente  que esta sobre el escenario sus desdichas. En esto, y en tantas otras cosas, Nueva York es única. La pérdida del puesto de trabajo o la inseguridad disparan una búsqueda de chivos expiatorios que casi siempre se orienta hacia el color de la piel, el acento de la voz, la identidad sexual o el origen …Y cuando nada de esto da más de sí aparece, descarnado, el hueso roído que muchos llevan siempre en sus fauces desde la Revolución Francesa: la propiedad. Podría llamarse “patrimonialismo patriarcal”: “esta tierra es nuestra” (la difícil legitimidad de los nacionalismos cuando se hacen excluyentes) o “¿quien llegó aquí antes?” pregunta cuya respuesta requiere conocimientos de geografía e historia sencillos pero muy limitados en estas latitudes: ¿indios, chicanos, mejicanos, españoles, holandeses, británicos, franceses? Marica el último: los últimos -no siempre por orden si hay dinero por medio- son los culpables. Otra variante del hueso caninamente mordido  es “¿quién hizo que esto funcionara con el sudor de su frente?”, y entonces los descendientes de alemanes, (sobre todo en Pensilvania, dónde tantos sudaron en la industria del carbón y del acero, y han votado al actual Presidente), se atribuyen la gran tajada de sacra legitimidad. Cada cual hace valer el sudor que le ha costado lo que tiene y le cuesta reconocer que el sudor de los otros contribuye también a la res pública.

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Saludo de actrices y actores, bajo la dirección de Kate Whoriskey

El sudor es un tema omnipresente en NY pero actúa como un sub-texto, algo de lo que no se habla y que no se debe notar aunque siempre esté en el ambiente. A menos que con él se justifiquen supremacías excluyentes e ilegales.

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La violencia aumenta y los interrogatorios en las cárceles son una gran inspiración para la literatura, el teatro y el cine

En el metro de Nueva York, que es el más fidedigno espejo de las Naciones Unidas que hay en el mundo, aunque limitado al micro-lenguaje corporal del pasajero individual, siempre se pasa frío: en invierno en el andén y en verano dentro de los vagones. El esfuerzo por mantener una temperatura adecuada para que la piel no sude es una obsesión tal que llevo siempre un gorro en el bolsillo, e incluso un  jersey y una bufanda, especialmente cuando aprieta el calor. Ocurre a menudo aquí: se pasa frío en verano, y en el teatro más aún. Sentado en la primera fila del mezzanine del Studio 54, en el centro del estupendo palco del primer piso, el potente chorro de aire frío que descendía de las alturas, no se si del techo o directamente del Polo, me dejó helado antes de que empezara la obra. La vi con gorro y bufanda. No sude ni una gota.

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Todas las culturas tienen raseros para sobrevivir; son límites que por carácter, por genes o por tradición parecen indiscutibles y se consideran “normales”, “como hay que ser” o “lo que tiene que ser”, y este es uno: no se puede notar que sudamos; y se ponen todos los medios, públicos y privados, para alcanzar brutalmente este objetivo igualitario que no distingue razas, lenguas ni religiones, ni tampoco el orden en el que se ha llegado a los Estados Unidos de América. Tal vez sea mejor así y que nadie pueda hacer valer cuál es el sudor que le ha corrido por la frente. IMG_6758

 

IN THE SHADOWS

In memoriam Asit and Sreela Sen

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Once upon a time, there was a fine lady in Calcutta whose conversation was always vibrant and intelligent. A vivacious woman, avid for knowledge; she invariably added a pinch of giggle to her frequent bursts of laughter. There was something about her that was like a plant, an ever elegant, convoluted vine climbing unstoppably upwards.

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Like vines, she needed a prop in order to make her way to the sun. It took me only a few hours to discover that she was solar, no doubt, as much as her husband was lunar; she a solar prominence, he like the tide at slack water, moving almost imperceptibly. The wife, dynamic and evolving; the husband, self-contained, and motionless in his bearing.

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Portable Kalis, Kalighat, Calcutta 

On one of our trips to India she suggested we visit Shantiniketan, three hours away, and generously invited us to stay in her bungalow there. That first visit took place in January, the month to visit Bengal if one wants to enjoy un-Christian Christmas -our favourite treat in India. As we discovered, this was also the month to enjoy the little jewel of a garden that she was growing there, now in full bloom. Such a medley of colours, within a perfect, elongated rectangle, seemed to me very much like the incarnation of her own lively curiosity and the art of her self-made conversation. All the creatures that swarmed over that small portion of land were linked, interrelated, and I would even say that their sounds were very much like the hushed whispering of love. Somehow, the colours too talked to each other, so much so that whenever I contemplated the garden at its busiest I could listen to, and make resound in me, the many non-spoken, non-mammal and non-animal degrees of communication that exist on earth. Grown with care, love and elation, this garden had come to represent the gardener’s own vision of a family.

Bungalow en el recinto de la Universidad de Shantiniketan copia copia

The main room in the bungalow, Shantiniketan

     When years later we visited Shantiniketan again it was during Monsoon and the only trace of the garden was a patch of bare land. The burgeoning life of its own that we so well remembered was now gone and probably because of this I noticed for the first time a tree, next to the parterre; there it stood, placidly and apparently minding its own business, which is a rare gift in itself.  At most, every now and again some of its whimsically crafted dead leaves would detach themselves and fall onto the garden below. Watching the leaves waft down, the image of the husband of this lady of Calcutta came to my mind. I wondered then to what extent he had contributed to the immense happiness of such a joyous wife and, therefore, to the beauty of her garden.

Esbozo de un interior, Ballygunge

Interior, Calcutta

     One day some friends who lived in the outskirts of the village invited us to watch a performance by Bauls. The group consisted of two men and a girl, all extremely thin and slender, their eyes as bright as diamonds, probably under the effect of bhang and long days of joyful wandering. Their intense saffron-coloured garments made them look as though they were ablaze: human flames in a landscape of emerald green and golden dust.

     We lay outdoors on a kilim, swathed by the light of sunset, close to an enormous pond where buffaloes submerged with pleasure.  I asked our hostess to be so kind as to translate some of the lyrics. One song caught my attention; called Life before life it was the story of an egg cell and a sperm cell before  they meet. The idea of “human life” not only as a creation “ex-novo” but as a dramatic metamorphosis as well as preservation of previous forms of life made me unexpectedly happy and oblivious to the fact that I had started to scratch my shoulders.

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Elaborated togetherness

     A spider must have bitten me on the back while I was entranced by the voices and dances of the Bauls. I felt no immediate pain but my skin seemed to be boiling. Luckily enough, someone knew what to do: “When back at ‘your’ place go into ‘your’ garden and reach for some leaves from the first tree by the entrance; then leather them into a paste and spread it on your back.” And so I did and soon the burning of my now Pollock-like skin died away.

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In and out

     That night, as I lay reading on a deckchair, with the main doors of the  bungalow wide open onto the garden and the fan rotating soothingly above me, I felt that a bond had been created between the tree and myself. “This bond has now the quality of a caress”, I thought, “like the velvety wave of air coming from above”. And then I made the link between that tree and the lady’s husband. I saw that although motionless, the tree imperceptibly protected the garden ephemera, and myself,  from evil. It was a medicine tree. Later on that same night a black scorpion peacefully crossed the room, avoided all the obstacles in its way -my feet included-, and disappeared through the open doors into the garden. I remembered again the cosmos of petals, stems, insects and other animals that buzzed out there in winter… But now, all that remained was a deep fast shadow, like that scorpion moving into the night, and a rhapsody of sounds. I realised that what I call happiness has to do with composing and elaborating togetherness and that even if families are not aware of it they embody togetherness and secrete the instinct of reunion.

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Togetherness…, and a giggle!

     Now the room was lit only by a small candle. Abstract, shadows flickered on the wall. Out in the dark I could just make out the medicine tree in the foreground slowly merging with the blackness. It looked at first as though the night had blurred its shape almost completely. But in a fantastic living trompe loeil, I somehow saw it silently creeping into the house. He wanted to talk to us too, or maybe just whisper something into our ears, or embrace us.

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The temple of the planets, Calcutta

     Fantasising about the ghostly, aerial embrace of the medicine tree I imagined then the embrace of that husband, a man in the shadow. Maybe his was a clumsy embrace like the one I was receiving now from the medicine tree, maybe no embrace at all but I was clearly aware of the presence of an unthreatening and caring adult, a steady observer, a silent lover… and a father too who, imperceptibly, had extended his roots well beneath the garden of the family in order to weave until the end a dream of happiness.

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Krishna stealing the butter 

 

 

 

 

 

LYDIA CACHO

“Me gusta documentar la realidad”

Se puede ser periodista, activista, y buen ciudadano. De hecho, en el debate sobre periodismo de investigación (investigative reporting) junto a Jeremy Scahill, Lydia Cacho afirmó sin ambages: “ser activista es ser un buen ciudadano”. El moderador, Martin Hodgson (editor internacional de The Guardian, versión USA) acompañó a ambos en sus relatos y valoraciones de las circunstancias actuales de su profesión.

IMG_3218El sistema de control de la información que construyó el imperio soviético es muy parecido al que rige ya hoy en el ámbito occidental, afirmó Lydia Cacho, solo que entonces era mucho menos sofisticado. Autora de Los demonios del Edén, su escalofriante obra sobre la pornografía y la prostitución infantiles, Lydia Cacho insiste en que ella habla de todo lo que vive y de lo que sabe. No le dan trabajo en ningún periódico en Méjico, y al decir esto está, obviamente, haciendo ver que hay, al menos, dos tipos de periodistas.

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Marina Garde, Martin Hodgson, Lydia Cacho y Jeremy Scahill

“El tema es documentar todo lo que cada hace cada actor”, reitera Lydia Cacho cuando Jeremy Scahill explica que la guerra contra las drogas es una excusa para otros asuntos relacionados con las capacidades militares y policiales que se ponen en común o con intercambios de inteligencia. En una afirmación que entiendo, aunque seguramente no en todo su alcance pese a estar casi seguro de que sí, Scahill afirma: “Trump no es el problema”. Me impresiona cuando, más adelante Lydia Cacho dice: “en cierto modo muchos periodistas son ladrones: toman , toman, pero no dan nada” y narra a continuación una historia relacionada con una niña a la que entrevistó en el burdel dónde trabajaba.IMG_3197No puedo olvidar la mirada ni la fortaleza de esta mujer, que irradia vitalidad y convicción y a la que protege el halo del guerrero que lucha por la vida -la suya y la de los más indefensos-; ni la actitud imperturbable ante el designio que la mueve. Es la misma fuerza que anida en sus ojos; la que, después de mirar, despliega por escrito en el testimonio preciso, implacable, también amoroso, de quien se atreve a poner en palabras lo que sabe y lo que vive.IMG_3201

Bonjour tristesse!

“…Bonjour tristesse.

Tu es inscrite dans les lignes du plafond.

Tu es inscrite dans les yeux que j’aime

Tu n’es pas tout à fait la misère,

Car les lèvres les plus pauvres te dénoncent

Par un sourire…”

“…Buenos días tristeza./Estás inscrita en las líneas del techo./Estás inscrita en los ojos que amo./No eres exactamente la miseria, porque los labios de los más pobres de delatan/ con una sonrisa…” (Paul Eluard, 1937)

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Anri Sala, exposición Answer me, New Museum, NYC

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El lago de cisnes de Dada Masilo

image1-1Al principio puede parecer la gracia de una coreógrafa que imita lo que otros se inventaron con gran éxito. En este caso, nada más ni nada menos que el ballet El Lago de los Cisnes, con música de Piotr Tchaikovsky y coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov, estrenado ya hace más de un siglo. En la era digital de internet priman tiempos cortos e inspiraciones fugaces; todo suele ser mucho más breve de lo ya hecho por otros -entre otras razones, y acaso la más importante, por la posibilidad real que disfrutamos de poder ver casi todo lo que hacen o han hecho los demás, y en la pantalla de un ordenador. Proliferan la imitación, la fragmentación y cita des-contextualizada (a menudo en el límite de la apropiación), la reducción y el resumen de lo ya hecho anteriormente por otros para fabricar a partir de ahí la nueva obra o trabajo. Predomina lo que el lenguaje callejero tilda de “refrito”. A esa razón atribuyo mi desconfianza primera.image2-2No  voy  a prodigarme en una crítica honda y concienzuda porque posiblemente no haya para tanto esta vez. Además, ya he escrito sobre este ballet y sobre cómo, en mi opinión, lo que ocurre es que los cisnes no atinan a salir del armario (una lectura como muchas otras). No me cabe duda de que, insertado en la cultura rusa por un par de hermanos homosexuales, el lago de los cisnes o, mejor dicho, los cisnes del lago, guardan un simbolismo potencialmente tan  poderoso como una bomba atómica. Muy especialmente en la Rusia de hoy. El análisis  o  desciframiento de ese simbolismo es un trabajo proceloso y lento, y en ello estoy desde  hace  años,  desgranando poco a poco lo que pienso cada vez que veo una versión  nueva  de  este  lago  del  que  los  cisnes  no   pueden  salir.  Me pregunto  desde hace décadas qué tendrá este lago.image2-1Y ésta versión, firmada por Dada Masilo -quién es, a la vez, coreógrafa y bailarina de su propia obra-, me llamó la atención. Nacida en Soweto, de raza negra, y defensora de los derechos de los homosexuales -muy especialmente en África- su versión seguramente revelaría algo nuevo. Efectivamente, muchos elementos en su danza son inesperados y poseen mucha fuerza. Especialmente el humor, omnipresente también en el escenario, y que fluye en gran parte a costa del ballet clásico: tal vez demasiado fácil pero bien dosificado. La representación dura exactamente una hora y 5 minutos, es compacta y no deja indemne pues trae tanto el ulular como los tambores de África al helado mundo del ballet clásico que, por circunstancias históricas y culturales, se forja de la mano de varios franceses en San Petersburgo, maestros que trabajaron para el  ballet imperial  de los últimos zares durante el siglo XIX.IMG_2145

Lo primero que es necesario reconocer es que la represión -no se si el SIDA- es, pese a lo que pueda pensarse, mucho mayor en África que en Rusia, de ahí la posible lectura en clave “gay” de este ballet (otra más). El juego con el cisne “negro” siempre es evidente aunque tampoco aquí es el eje central (al fin y al cabo, Odile era un cisne negro solo desde los años 40, cuando un director lo decidió así y entonces Dior y otros modistos convirtieron el negro en un color elegante y apropiado para la noche). Solo que aquí Odile es un hombre vestido de Odile, es decir, de negro, y negro.IMG_2147Lo esencial, en mi opinión, de este ballet, y de prácticamente la mayoría -si no de la totalidad- de las versiones que he visto, es que las víctimas de la opresión y los protagonistas de la represión y la injusticia lejos de ser minorías son mayorías más o menos silenciosas. Pese a lo que pueda pensarse respecto a la trama del Lago, por un lado, y, por otro, respecto a la forma en que los medios reflejan el maltrato a las minorías como un problema prioritario y casi único (homosexuales, judías u otras minorías religiosas, o de una una raza respecto a otra), la víctima es una mayoría; una mayoría que está encerrada en ese lago bajo el poder no ya de una minoría sino de un conjunto muy reducido de individuos. Y eso tan sencillo -que parece que hemos dejado de ver o que no queremos ver-, Dada Masilo lo representa con una gracia y una originalidad sensacionales.image1-2

DAVID BOWIE / OLIVER SACKS

David Bowie has died today. I heard the news when I was about to finish Oliver Sacks’ memoirs On the move: a Life.

Solaris / Blue Ham

Solaris / Blue Ham

In fact, I was reading for a second time the enthralling chapter where he considers not only colour but consciousness too, the result of a “construction” (almost artistic, shall I add?). After having written about “visual reality”, Sacks starts then displaying his amazing vision of “time reality”.

Time

Time

It’s sad that these two extraordinary men have left us (Sacks died last 30th August) and Zugvogelblog wants to pay tribute to them. What can be closer for me to being an atom or a neurone than dancing the night away, nonstop, frenetically? Let’s dance…