Curiosidades Alpinas

por Zugvogelblog

 

Museo de la Montaña

En Solda, en la región del Alto Adigio, hay un pequeño museo que tiene la apariencia de un templo y al que se entra con la misma libertad que su fundador, el alpinista Reinhold Messner, se mueve por el mundo. Antes que museo fue refugio de alpinistas y en su única y escueta habitación se ordenan objetos de escaladores famosos e historias de sus ascensos, trágicos o triunfales. Está especialmente presente el pico del Ortler, en Solda, en otra época el más alto del Imperio Austro-Húngaro.

Macizo del Ortler

El día anterior a la visita, coincidí en el refugio de Kanzel Hütte con Messner, que almorzaba rodeado de amigos que tenían todo el aspecto de ser nepalíes y, seguramente, expertos sherpas. Tal y como explica Messner en el catálogo del museo y en numerosos paneles informativos repartidos por el valle, las condiciones geográficas de Solda son muy parecidas a las de Nepal; tanto es así que se ha traído varias familias de yaks, que se han aclimatado exitosamente. Messner, con gran melena y generosa barba, cultiva deliberadamente cierta imagen de hombre de las nieves y, además de los carteles informativos sobre el carácter tímido de los yaks, ha colocado otros con su propia foto en los que previene sobre la posible aparición de un hombre de las nieves, de un yeti, del que no es necesario protegerse porque es inofensivo. Durante los doce días que permanecí en el valle, ascendí a todos los refugios e hice muchos de los itinerarios en torno al pico del Ortler, el Madritsch, el Zebrú y el Gran Zebrú, así como otros que coronan este acogedor valle del Tirol del Sur cuya población es bilingüe. La segunda lengua oficial de la República Italiana es el alemán. Nadie se mesa los cabellos por ello: es una tierra acogedora donde se dan exquisitas manzanas (el valle de Solda termina en Val Venosta, tierra de extensos manzanares), dulce transición entre el sur de Europa y Europa Central a través de Austria y Baviera. Vi algunos yaks pero ningún yeti.

Reinhold Messner y un yak, en Solda

La cualidad de templo que he atribuido a este museo me la sugirió el lugar preferente que, en  su catálogo y su exposición, ocupan el yogui y poeta tibetano Milarepa (1040-1123) y el monte sagrado Kailash, que no ha sido escalado nunca. Intuyo que un monte semejante es un oportuno recordatorio de que no todo en la vida es proponerse o cumplir un objetivo, ni siquiera para un alpinista. Esa referencia al yogui budista y a un monte no escalado hace del museo un lugar dónde el misterio está presente sin necesidad de religión, y cada uno puede considerarlo como quiera. El amor a las montañas, al planeta y a la itinerancia hunde sus raíces en ese misterio. Según como se miren, algunos museos son templos.

Líquenes, Düsseldorferhütte

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