NUESTRO MAUSOLEO ESTÁ EN WALL STREET

por Zugvogelblog

     El prestigio de la arquitectura grecorromana es una moneda que muchas ciudades atesoran con avidez. En Manhattan conviven muchas imitaciones pero sobresale la pasión legitimadora por excelencia: los órdenes griegos clásicos, seguidos por el campanario de Venecia, el campanile de la plaza de San Marcos, que parece un antecesor genético del rascacielos neoyorquino, y, finalmente, la Giralda de Sevilla.

El mausoleo de Halicarnaso o la tumba del Rey de Caria, Mausolos, en Halicarnaso (Bodrum)

Reconstrucción aproximada de la tumba de Mausolos en Halicarnaso, hoy Bodrum, en Asia Menor (Turquía)

     Un mausoleo tiene que “flotar en el aire”, y seguir la pauta de la tumba de Mausolos, el rey de Caria que mandó elevar sobre su cámara mortuoria una construcción ciclópea rematada con un templo. La simple fachada clásica de un templo -como la adoptada por UNESCO como logo -el templo de Agrigento- parece legitimar a las instituciones que se amparan en ella e imitan su apariencia.

El mausoleo de Halicarnaso corona la torre en estilo veneciano del antiguo Bankers Trust, en el número 14 de Wall Street

Un mausoleo parecido al de Halicarnaso corona la torre del antiguo Bankers Trust, en el número 14 de Wall Street

     Mausolo, sátrapa del imperio persa, ordenó construir su tumba en Halicarnaso, en la costa de Asia Menor, frente a la isla de Kos, no lejos de Cnidos, dónde la leyenda sitúa el nacimiento de Venus, hacia la mitad del siglo IV antes de la era cristiana. Es relativamente fácil descubrir réplicas de esta tumba-templo en Manhattan; basta mirar hacia arriba para descubrir numerosas imitaciones; ésta que traigo a colación está situada a una altura de aproximadamente treinta pisos, y corona un edificio -a su vez histórico por otras razones-  en el cruce de Wall Street con Broad Street.

La réplica del mausoleo vista desde la calle al atardecer

La réplica del mausoleo vista desde la calle al atardecer

     Muy pocos de estos edificios siguen siendo bancos. Muchos sospechábamos que la última crisis financiera era -otra vez- una mezcla característica de fraudulentas burbujas y consciente mala gobernanza, un cocktail de regulaciones deficientes y de mala fe, que ha sancionado prácticas perversas o antisociales detrás de las cuales solo hay una carencia total de escrúpulos. No hace falta leer los libros de Michael Lewis -tarea recomendable para comprender cómo Manhattan se ha convertido en un oscuro casino de apuestas financieras- para entender que la codicia es uno de los tres pilares sobre los  que florece la vida de esta isla (los otros dos son el mercado inmobiliario y la cultura, básicamente el arte), y que todos sus habitantes, ricos o pobres, lo saben porque en sí misma, al avaricia no es desdeñable. Saben que junto a la pasión más refinada por el “hacer” y por el arte, por ejemplo, convive el capitalismo más estricto. No es nada que no exista en muchas otras partes del mundo, ricas o pobres, pero lo excepcional de Manhattan es que encarna estas cualidades con una inmediatez y una sinceridad únicas. Nadie puede llamarse a engaño. La ciudad muestra sus reglas desde el primer día. Y también sus tumbas y mausoleos. Es disparatada, seguramente en declive ya, pero casi todos sus habitantes prefieren quedarse. Su frase favorita es : “no bullshit”.

La Bolsa y el Mausoleo

La Bolsa y el Mausoleo

     Ese simple cruce de Wall Street con Broad Street no estaba llamado a ser una plaza, pero con el tiempo, se ha creado una. En ella se dan cita los tres estilos griegos clásicos que “legitiman” las instituciones del Empire State, el “Estado Imperio”: el corintio en la marmórea fachada del Stock Exchange; el dórico acompañando a George Washington, cuyo monumento recuerda a la estatua del commendatore asesinado por Don Giovanni en la ópera de Mozart -cuyo libretista, por cierto, Lorenzo Da Ponte, se paseó por estas calles a menudo-, y, finalmente, el jónico en “nuestro” mausoleo; digo bien, “nuestro” mausoleo porque ¿no es ya el mausoleo de millones de personas? ¿El Mausoleo de todas las clases medias y trabajadoras del mundo, desunidas, desorganizadas y empobrecidas, reluciente en el corazón del Distrito Financiero?

Aquí George Washington recuerda al monumento de il Comendatore, en el Don Giovanni de Mozart.

Solitario, George Washington parece el commendatore mozartiano, en un montaje clásico de Schinkel,  a los pies del mausoleo de Wall street.