El lago de cisnes de Dada Masilo

por Zugvogelblog

image1-1Al principio puede parecer la gracia de una coreógrafa que imita lo que otros se inventaron con gran éxito. En este caso, nada más ni nada menos que el ballet El Lago de los Cisnes, con música de Piotr Tchaikovsky y coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov, estrenado ya hace más de un siglo. En la era digital de internet priman tiempos cortos e inspiraciones fugaces; todo suele ser mucho más breve de lo ya hecho por otros -entre otras razones, y acaso la más importante, por la posibilidad real que disfrutamos de poder ver casi todo lo que hacen o han hecho los demás, y en la pantalla de un ordenador. Proliferan la imitación, la fragmentación y cita des-contextualizada (a menudo en el límite de la apropiación), la reducción y el resumen de lo ya hecho anteriormente por otros para fabricar a partir de ahí la nueva obra o trabajo. Predomina lo que el lenguaje callejero tilda de “refrito”. A esa razón atribuyo mi desconfianza primera.image2-2No  voy  a prodigarme en una crítica honda y concienzuda porque posiblemente no haya para tanto esta vez. Además, ya he escrito sobre este ballet y sobre cómo, en mi opinión, lo que ocurre es que los cisnes no atinan a salir del armario (una lectura como muchas otras). No me cabe duda de que, insertado en la cultura rusa por un par de hermanos homosexuales, el lago de los cisnes o, mejor dicho, los cisnes del lago, guardan un simbolismo potencialmente tan  poderoso como una bomba atómica. Muy especialmente en la Rusia de hoy. El análisis  o  desciframiento de ese simbolismo es un trabajo proceloso y lento, y en ello estoy desde  hace  años,  desgranando poco a poco lo que pienso cada vez que veo una versión  nueva  de  este  lago  del  que  los  cisnes  no   pueden  salir.  Me pregunto  desde hace décadas qué tendrá este lago.image2-1Y ésta versión, firmada por Dada Masilo -quién es, a la vez, coreógrafa y bailarina de su propia obra-, me llamó la atención. Nacida en Soweto, de raza negra, y defensora de los derechos de los homosexuales -muy especialmente en África- su versión seguramente revelaría algo nuevo. Efectivamente, muchos elementos en su danza son inesperados y poseen mucha fuerza. Especialmente el humor, omnipresente también en el escenario, y que fluye en gran parte a costa del ballet clásico: tal vez demasiado fácil pero bien dosificado. La representación dura exactamente una hora y 5 minutos, es compacta y no deja indemne pues trae tanto el ulular como los tambores de África al helado mundo del ballet clásico que, por circunstancias históricas y culturales, se forja de la mano de varios franceses en San Petersburgo, maestros que trabajaron para el  ballet imperial  de los últimos zares durante el siglo XIX.IMG_2145

Lo primero que es necesario reconocer es que la represión -no se si el SIDA- es, pese a lo que pueda pensarse, mucho mayor en África que en Rusia, de ahí la posible lectura en clave “gay” de este ballet (otra más). El juego con el cisne “negro” siempre es evidente aunque tampoco aquí es el eje central (al fin y al cabo, Odile era un cisne negro solo desde los años 40, cuando un director lo decidió así y entonces Dior y otros modistos convirtieron el negro en un color elegante y apropiado para la noche). Solo que aquí Odile es un hombre vestido de Odile, es decir, de negro, y negro.IMG_2147Lo esencial, en mi opinión, de este ballet, y de prácticamente la mayoría -si no de la totalidad- de las versiones que he visto, es que las víctimas de la opresión y los protagonistas de la represión y la injusticia lejos de ser minorías son mayorías más o menos silenciosas. Pese a lo que pueda pensarse respecto a la trama del Lago, por un lado, y, por otro, respecto a la forma en que los medios reflejan el maltrato a las minorías como un problema prioritario y casi único (homosexuales, judías u otras minorías religiosas, o de una una raza respecto a otra), la víctima es una mayoría; una mayoría que está encerrada en ese lago bajo el poder no ya de una minoría sino de un conjunto muy reducido de individuos. Y eso tan sencillo -que parece que hemos dejado de ver o que no queremos ver-, Dada Masilo lo representa con una gracia y una originalidad sensacionales.image1-2

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